lunes, 25 de octubre de 2010

La coherencia y el paso del tiempo

Hace unos años, no sé cuantos, para el primer programa de radio escribí este pequeño “guión” para un personaje bastante particular llamando Mariano Messero. Hoy mientras espero que se cargue un capitulo de la serie “Como conocí a vuestra madre” comencé a revisar cosas viejas y encontrarme con esto me sorprendió gratamente. Primero porque aun hoy mantengo cierta coherencia en mi discurso ya que Bucay y Cohelo me siguen pareciendo un bodrio (por suerte uno de ellos ya dejo de escribir) y por otro lado porque con el paso de los años me sigo indignando de formas parecidas. Lo que hay para rescatar es que tengo un grupo de amigos y de gente que ha logrado comprender esta indignación que se genera cuando alguien dice algo aun no teniendo nada que decir.

Consejos inútiles, refranes mejorados

Hay mucha gente que con la intención de levantarnos el animo en momentos de difíciles, nos llenan de un montón de frases new age al estilo Pablo Cohelo o Jorge Bucay, tal como podrían ser las siguientes: “Si una cosa no ha sucedido, es porque estará por llegar algo mejor”. O intentan confundirnos con frases del calibre de: “Ya todo va a pasar” y “Todo volverá a la normalidad, ya todo volverá a ser como antes”.
Por lo tanto una persona que se separa, automáticamente se convierte en un anormal, con la imposibilidad de volver a ser como antes, porque se ha producido la separación.
Si queremos un ejemplo más extremo, podemos incluir a la muerte. Una persona que queda viuda no tiene la posibilidad, ni siquiera física, de volver al estado anterior de las cosas. Se convierte a la persona, se la condena a la anormalidad eterna.
Estas frases sui generis, tiene el poder de irritar de sobremanera a quien las recibe, sobre todo porque el consuelo de que algo no ha pasado porque deberá suceder algo mejor, genera la angustia de la espera y no quita la frustración de lo que no ha sucedido.
Además da mucha bronca e impotencia no saber cuando es que llega ese tiempo de júbilo, de satisfacción, que se augura mejor.
Como le decimos a alguien que esta durmiendo bajo una autopista, que “Ya vendrán tiempos mejores”. No sería más lógico decirle que en un mes y medio va a dormir en una cama cómoda y caliente.
La indefinición en el lapso de tiempo que pueda transcurrir hasta que algo mejor suceda transforma la frase de aliento en un puñal calvado con saña en la pierna de alguien querido. Yo no quiero que ese algo mejor lleguen en un tiempo, sino que lo quiero ahora, incluso, hasta puede serme de vital importancia que ese hecho suceda ahora y no más adelante.
Con anterioridad, en la época de nuestro abuelos o padres, no había personas que se dedicaran con tanta vehemencia al estudio del alma o de la autoayuda, como vemos hoy en día. Y es por ello que se solían escuchar los conocidos refranes, entre los cuales podemos encontrar: “A quien madruga Dios lo ayuda”, “Después de la tormenta siempre llega la calma”, “Siempre que llovió paro” o “No hay mal que dure cien años” con su retruque aún más lúcido, “ni cuerpo que lo resista”.
Y es en este punto donde nos damos cuenta que los nuevos escritores lo único que han hecho es plagiar, o si se quiere usar un términos más moderno, podemos decir que han remasterizado los viejos refranes (Otro motivo de indignación, que podría ser tratado más adelante).
Como vemos “La vida tiene muchas vueltas” pero ese no es un motivo valido de consuelo… Una calesita también da muchas vueltas.

Apreciaciones Personales

Desconfíe de todo aquel que le habla filosófica y casi hasta psicológicamente, sobre todo cuando no son profesionales y creen que Dios no supo entender algo que Cohelo sí.

Haga oídos sordos a aquellos consejos de ocasión, ya que pueden generar una rabieta que termine en paro cardíaco.

Patee culos a granel cuando algún salame le de uno de estos consejos que no llegan a ninguna parte y que generan la indignación de todos aquellos que le desconfiamos a la justicia divina.
Ya vendrán tiempos mejores en los que quien no tenga nada que decir, va a evitar emitir opiniones pelotudas.

Mariano Messero, pag. 731

No hay comentarios: